| VIAJES EN TREN | |
|

La vuelta en tren desde Estrasburgo a Figueres pasando por París he de comenzarla a las 10,46 h. hora de salida desde la Gare du Strasbourg. Eso al menos me ha permitido levantarme un poco más tarde y tomar así fuerzas para las casi 10 horas que pasaré en tren hasta llegar a Barcelona Sants.
En estos momentos son pasadas las 4 de la tarde y llevo, por tanto, más de 5 horas de viaje. La mitad del mismo, prácticamente. Curiosamente, desde que saliera de París, hace unas dos horas, no hemos vuelto a hacer ninguna parada en ninguna estación y la velocidad es tal que cuando atravesamos una apenas da tiempo a leer el cartel anunciador con lo que, desgraciadamente, ando a ciegas de en qué zona de Francia me encuentro.
La verdad es que sin paradas es cierto que el viaje es mucho más rápido, pero también un poco más rutinario y menos cómodo. Al menos, puedo decir que me encuentro en algún punto entre París y Valènce, primera parada de la línea París-Figueres.

Colmar, en Francia
Nuevo viaje en tren: esta vez de Estrasburgo a Colmar, una bellísima localidad, también alsaciana, que se encuentra a unos 80 kms. al sur de la localidad estrasburguesa.
A este paso, la web de TGV-Europe.com acabará por convertirse en mi biblia viajera, pues me está resultando un complemento perfecto para este viaje, sobre todo, por lo que me estoy moviendo de un sitio a otro. De hecho, como ayer camino a Mulhouse, lo primero que hice esta mañana fue comprobar en la web los horarios y precios para salir a primera hora e intentar volver para la hora del almuerzo. Y de nuevo, los resultados fueron buenos para mí pues había varias opciones.
Viajar en tren de Estrasburgo a Colmar es fácil pues hay trenes casi cada media hora (entre media hora y cincuenta minutos, según los tramos horarios). Además, no van demasiado llenos por lo que sólo hay que presentarse 15 minutos antes bien con el billete ya sacado por Internet, o bien sacarlo en la máquina expendedora (de nuevo resultó más caro si se saca pocos minutos antes de la salida en la Gare que si se hace con antelación, online). El precio del billete es de 14 euros en el tren de alta velocidad y de 11,50 euros en el regional.

Ayer ya os adelanté mi descubrimiento: la “Cité du Train“, o sea, la “Ciudad del Tren“. Se encuentra en Mulhouse a poco menos de una hora de Estrasburgo, donde me encuentro.
No podía dejar pasar esta oportunidad, y aunque no lo tenía previsto en mi agenda viajera, decidí hacerle un hueco para marchar allí dado que según anuncian por aquí es una de las exposiciones de trenes más bellas y famosas de toda Europa.
Ni corto ni perezoso, anoche mismo me lancé a andurrear nuevamente por la web de TGV-Europe.com que tan práctica me está resultando. La búsqueda en esta ocasión me debería llevar hasta Mulhouse. Buscaba, evidentemente, trenes mañaneros para así aprovechar lo mejor posible el día. El resultado salió rápido una vez más, y en esta ocasión, la web me dio un buen abanico de posibilidades dado que hay trenes casi cada media hora, sean en la alta velocidad, aprovechando el que va hacia Montpellier (el mismo que traje yo para llegar a Estrasburgo), o el Ter, tren regional local. Ambos trenes pueden ser adquiridos a través de la web. Lo sorprendente, en este caso, es que el precio que me salió en la web era más barato que el que me ofrecían las máquinas expendedoras de tickets de la propia estación que, previamente, había mirado también en la misma Gare, para así comparar. 15 euros en la web de TGV-Europe.com frente a los 20 euros que sale en la estación.
Dicho y hecho. Reserva realizada para el tren de las 9,16 h. con llegada a Mulhouse Ville a las 9,57 h. Apenas 41 minutos. La vuelta, eso sí, la dejé abierta ya que no sabía el tiempo que emplearía en la visita al museo. La comodidad es lo que prima, porque incluso pude mirarlo desde la misma habitación del hotel.

El día se levantó pesado. Las densas nubes y las primeras gotas de lluvia parecían oscurecer el panorama de un día que yo esperaba con ganas. Mapa en mano, y bien abrigado para soportar el frío que azotaba Estrasburgo (4º pero son una sensación térmica bastante inferior) salí dispuesto a recorrer esta ciudad cuyo pasado ha estado íntimamente ligado tanto a la historia de Francia como de Alemania.
Su situación estratégica, en el centro de Europa, en la región de la Alsacia, cercana en los límites entre aquellos dos países, la hicieron apetecible para cuantas monarquías e imperios camparon los terrenos centroeuropeos en un enfrentamiento que se remonta a la época visigoda, cuando ya Clodoveo, en el año 496, incorporó la antigua Argentoratum (antiguo nombre romano de la ciudad) a Francia. Ya con el nombre de Strateburgum (“la ciudad de las carreteras”), Luis el Germánico, nieto de Carlomagno, la incluyó mediante el “Juramento de Estrasburgo” a la Corona del Sacro Imperio Germánico, donde permaneció durante casi 800 años, cuando Luix XIV, mediante el tratado de Westfalia, devolvió a Francia la región de Alsacia. Esta ciudad, que incluso fue residencia de Napoleón Bonaparte y Josefina, no quedó tranquila, y tras ser asediada nuevamente en el año 1870, capituló y volvió al Imperio alemán.
Las dos grandes guerra harían cambiar los colores de su bandera nacional varias veces más. Tras la Primera Guerra Mundial, las tropas francesas volvieron a entrar en Estrasburgo recuperándola para Francia, pero el 18 de junio de 1940, de nuevo las tropas nazis de Hitler volvieron a ocuparla. Final y definitivamente, las tropas del general Lecrerc volvieron a recuperar la ciudad para el país galo.

TGV Figueres – Montpellier
Atardece. Los últimos rayos de sol dibujan extrañas figuras en las pocas nubes que hoy me han acompañado desde que saliera de Barcelona en mi viaje a Estrasburgo. Tras la ventanilla del tren, recién dejada atrás la estación de la antigua Nimes, los árboles pasan rápido queriendo escapar de mi mirada ávida. Mis ojos, no obstante, empiezan a estar fatigados, irremediablemente atrapados por las manecillas del reloj y por la cada vez mayor oscuridad.
Me encuentro en el tren de alta velocidad, probablemente en el tramo más rápido de mi viaje, en la segunda parte del mismo, entre Montpellier y Estrasburgo. La velocidad se siente en el cuerpo, que parece embullirse contra el asiento. Apenas es posible fijar la vista y he dejado de grabar en vídeo como hasta ahora he venido haciendo.
Pero quizás, mejor comenzar por el principio…

Dentro de dos días estaré viajando en tren, en el TGV-europe, hasta Estrasburgo, ciudad francesa capital de la región de la Alsacia y conocida, sobre todo, por ser sede de algunas de las más importantes instituciones de la Unión Europea, como el Parlamento, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos o la Oficina del Defensor del Pueblo Europeo.
No, no voy a nada relacionado con estas sedes, ni mucho menos. Mi sana intención es disfrutar del viaje en tren que me llevará desde Figueres hasta la ciudad francesa, para una vez allí, pasar 3 días recorriendo Estrasburgo, que, aparte de su importancia política, es, para mi gusto, una de las más bellas entre las grandes capitales de Francia. Y, por supuesto, aprovechando el viaje, intentaré, si los medios técnicos lo permiten, que así lo espero, iros contando en directo el viaje.
Cada día, cada noche, os escribiré algo detallado del viaje; os contaré mis peripecias en el TGV-europe, mis andanzas por la ciudad, sus monumentos, un poco de su gastronomía y otro tanto de su Historia. Un combinado de bebidas que espero haga de todo un buen cocktail que sirva para que lo disfrutéis también vosotros cómodamente sentados en vuestros asientos.

Ya alguna vez os he hecho notar mi admiración por ese pequeño rincón del Reino Unido que es Gales. Para mis recuerdos queda el haber descubierto desde Cardiff a la punta oeste de Pembroke un lugar maravillosamente relajante y tranquilo, de paisajes sorprendentes y pequeños pueblos y ciudades donde tradiciones y costumbres se dan la mano.
No cuenta Gales con una línea ferroviaria de primer orden, todo hay que decirlo. Sus trenes son bastante viejos y sus líneas lentas y pesadas, pero por contra, aquella antiguas máquinas y vagones, algunos de madera, nos permiten saborear a la antigua usanza sus verdes paisajes y sus marismas. Con la parsimonia de aquéllo a lo que no le importa el paso del tiempo ni el estrés diario, con la tranquilidad de la vida rural alejada del urbanismo moderno, desde Cardiff hasta la punta más norte de Gales, atravesando el Parque Nacional de Snowdonia, pude disfrutar de un paseo en tren inolvidable, anécdotas incluidas. Gracias a ello las vistas por sus ventanillas son más perfectas y relajantes y el viaje, si cabe, ideado para quienes de verdad quieren disfrutar del tren.
Precisamente uno de los trenes turísticos más conocidos de allí es el Ffestiniog, un encantador ferrocarril que marcha por la región de Gwynedd y llega hasta las faldas del Parque Nacional Snowdonia.

No hace ni diez días Rusia inauguró su primera línea ferroviaria que conecta a su capital, Moscú, con la francesa, París. Un largo recorrido que hace las delicias de los amantes de los viajes de antaño cuando por aquel entonces viajar en tren cruzando Europa era algo al alcance de no muchos.
Sin duda, esta nueva propuesta de la compañía rusa FPK, filial de la Russian Railways, es muy llamativa por cuanto sus precios, además, no son nada exagerados, independientemente de la comodidad o no del viaje. Este tren, que unirá las ciudades de Moscú, Berlín y París, va a cubrir 3.177 kms. de viaje cruzando hasta cinco países: Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania y Francia, convirtiéndose así en la segunda línea transeuropea más larga, tras la Moscú-Niza que opera la misma compañía.
Fue el pasado 13 de diciembre cuando se congregaron en la estación moscovita de Beloruskaya dirigentes de ambos países para “cortar la cinta” de esta nueva ruta con la confianza plena de que la línea será un éxito. De hecho, todos los billetes para estos trenes para este mes de diciembre se encuentran ya vendidos.

Probablemente algunos de vosotros hayáis viajado ya desde Figueres a París en el TGV francés. Es uno de los últimos servicios que ha incorporado la compañía al amplio abanico de posibilidades que nos ofrecen a la hora de viajar en tren por Europa después de que el pasado 19 de diciembre de 2010 inauguraran el nuevo paso transfronterizo que une, por alta velocidad, a la ciudad gerundense con Perpiñán. De este modo, al fin, TGV ofrece viajes directos desde España no sólo a Francia, sino a otros países como Suiza, Italia, Alemania, Holanda, Bélgica e incluso Austria.
TGV-Europe.com, a través de su página web es la única que ofrece la posibilidad de adquirir online los billetes para este tren Figueres-Perpiñán. Perteneciente a la empresa Voyages-scnf.com, que a su vez es filial de la Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses (SCNF -equivalente a nuestra RENFE-) fue creada en el año 2000 y desde entonces se ha convertido en líder en ventas online de viajes en tren en el país vecino con un volumen de 2.400 millones de euros. Además, la empresa tiene páginas web en ocho países europeos.
La interface o página web de la compañía es bastante cómoda e intuitiva. Aunque de forma habitual suele destacar los viajes por Francia, lo cierto es que TGV-Europe ofrece bastantes ideas de viajes diferentes así como promociones y ofertas destacadas que además os llegará a vuestro correo si os suscribís a ella. Al reservar, además, se ofrece la posibilidad de escoger el asiento en el vagón, acceder posteriormente a la reserva para cualquier consulta las 24 horas del día y propone tres modos de hacernos llegar el billete para nuestro viaje: bien enviándolo por correo ordinario; bien dándonos la posibilidad de imprimirlo nosotros mismos o bien recogiéndolo en la oficina de ventas que tienen en Madrid o en las taquillas de las estaciones francesas.

Cruzar Irlanda de este a oeste en tren es uno de esos placeres que fácilmente podemos permitirnos si buscamos marchar desde Dublín, la capital, hasta las regiones de las costas más escarpadas del país, Connaught y Munster, donde se encuentran los condados de Galway y Clare, el de los acantilados de Moher. En mi caso, durante mi viaje por Irlanda, era mi intención alojarme en Galway, una preciosa ciudad de aires pesqueros, totalmente abierta al mar gracias a su hermosa y fresca bahía.
Con esta intención partí desde la estación de Heuston en el centro de Dublín. Es desde esta estación de donde salen todos los trenes que se dirigen al oeste y sur de Irlanda. Por contra, la estación de Connelly, también en Dublín, es la que conecta todo el norte del país, de modo que, si por ejemplo pretendéis ir a Belfast, será aquí en Connelly donde habréis de tomar el tren.
El viaje de Dublín a Galway se realiza en Intercity y está gestionado por la Irish Rail, la compañía ferroviaria nacional irlandesa. No tendréis problemas para viajar pues hay un tren prácticamente cada dos horas para un trayecto que se cubre en poco más de dos horas y media. El tren es ideal para grupos de 4 pues los asientos se disponen de forma enfrentada y cuentan con una mesa en medio separándolos. Además tiene su vagón cafetería y un servicio de carritos que se va pasando por cada vagón con lo que podréis compraros un refresco o algo de comer durante el viaje.